
Cuando está realmente enojado, o realmente triste, o realmente feliz -sea lo que sea que realidad signifique- ahí es cuando surgen las verdaderas palabras, están gritándole en la sangre para ser recibidas por ojos y oídos que poco entenderán, pero es lo de menos. Gritar, desangrarse, sentir como las células se hacen agua sobre la silla, eso es lo de más.