Si tuviera que escoger uno, este sería el mejor momento para empezar a fumar.
Miro el reflejo de la pantalla y veo pasar gaviotas, unos poemas de Charles y una canción conocida me empujan a espacios acreos, lo conocido y el dolor de cabeza. Llevo 3 o 4 días con esa sensación siempre extraña del deja vú, nunca me había ocurrido con una sola persona, nunca me había parecido tan aburrido. No hay acción, no hay motivación, no hay buenas noticias y empiezo a creer en las profecías autocumplidas (siempre he creído). Tampoco puedo escribir parrafos pero eso es más usual, no es que me guste, sólo estoy acostumbrada. Me he acostumbrado a muchas cosas, me he acostumbrado tanto a la melancolía que la saludo como a una vieja amiga.
No estoy cansada, o sí, no sé qué me pasa, tampoco estoy sana.
Me miraba al espejo cuando lo descubrí; en veintidos años he hecho todo bien, todo menos las cosas más importantes.
Despiértame por favor cuando esto se acabe, cuando el hielo se haya derretido y el hambre retorne. Yo seré el mismo, pero más viejo.
"La naturaleza procesal de la experiencia indica que es vano cualquier intento de poner en palabras todo lo que estamos expermientando. Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de sentirnos unidos y en un encuentro profundo con alguien, sin requerir palabras para ello. Es más, no son escasas las situaciones, como señalaba antes, en donde las palabras sobran o rompen el hechizo de un encuentro silencioso."
Fue la falta de amor que levantó esta muralla.