Esperar que canten los ratones, perder el tiempo.

De haber leído tantas veces esas palabras ya no parecen verdad, ahora suenan a cuento, a historia antigua (eso sí es verdad), suenan a formalidades ficticias que crearon eones entre los dos. Y los nervios y los helados y la cercanía pasaron demasiado rápido, y el que te hayas vuelto ajeno como antaño se hizo normal, como si sólo hubieses sido un personaje de un capitulo. Y ahora no estás aquí y es como antes, leyendo y releyendo, es muy tú, pero es muy lejos de ti también.
Al igual que las ilustraciones, a la historia que cuentan le falta color.