Debe entenderse que todo individuo, mediante la operación combinada de su disposición innata y de las influencias que entraron a gravitar sobre él en sus primeros años, ha adquirido un método específico propio en la conducción de su vida erótica, o sea en las precondiciones que establece para enamorarse, en los instintos que satisface y en las miras que se fija para sí mismo mientras tanto. Todo esto produce lo que se podría describir como una placa estereotipada (o varias) que constantemente se repite -constantemente se reimprime de nuevo- en el curso de la vida de la persona, en la medida en que las circunstancias externas y la índole de los objetos de amor que tiene a su alcance se lo permitan, y que sin lugar a dudas no es del todo susceptible de cambiar frente a las experiencias recientes.