La mujer que viste junto a la piscina la otra noche

Hoy metí mi mano al bolsillo izquerdo (el preferido)
de la verdosa capa que acompaña los pasos fríos,
y encontré una hoja de otoño, verdeamarilla, crujiente,
y acurrucada en si misma, como si buscara su propio
aliento, como si buscara recordar el momento en que
fue designada a habitar en aquella oscuridad, que fue
al mismo tiempo dulce y amarga, como si buscara algo...
La toqué y al instante supe lo que venía con ella, que
no era palpable, que no cayó en mi palma como ella,
ni se coló entre mis dedos, pero que crujió con la misma
fuerza que la hoja, en mis cabellos, y dentro de ellos, en
mi craneo, y dentro de él, en mi cerebro, y dentro de él,
en las transmisiones sinápticas, y dentro de ellas, en la
eléctricidad que las recorre, y aún más, dentro de ésta,
en lo que llamamos pensamientos; en un segundo, al crujir, llegó,
"¿qué significa eso?, pues que no funcionaría,
porque probablemente tú siempre estarías pensando en ello,
y yo probablemente me preguntaría si estarías pensando
en ello."
Sí, no parece un fin, eso es probablemente lo único bueno*