A mi me gusta, loco, locamente, sentir que vives hasta las uñas, la angustia hasta la sangre cuando el camino se tuerce, la risa hasta el puente viejo y la cabeza por la ventana del auto mientras suena algo como de adolescencia yankie.
A mi me gusta, porque se me dan las letras cuando ya no puedo más, y no puedo escribir de las cosas que me hacen bien, le dije a Eduardo, el hombre grande, el de la buena vida, y tienes que aprender, me dijo él –que sabe de eso- a sacar afuera no sólo lo que entristece tu vida, tienes que aprender a disfrutar lo que te hace feliz y ponerlo afuera también, pero el hombre grande no me dijo cómo, el hombre grande sabe como hacerlo él, se le nota cuando mira la pantalla del computador, cuando yo me voy a dormir, cuando la ve salir del baño, cuando se sienta a su lado y sonríe, él puede, si el puede –pensé en ese momento, mientras por algún motivo su sonrisa ingenua me hace sonreír- yo también.
A mi me gusta, porque se me dan las letras cuando ya no puedo más, y no puedo escribir de las cosas que me hacen bien, le dije a Eduardo, el hombre grande, el de la buena vida, y tienes que aprender, me dijo él –que sabe de eso- a sacar afuera no sólo lo que entristece tu vida, tienes que aprender a disfrutar lo que te hace feliz y ponerlo afuera también, pero el hombre grande no me dijo cómo, el hombre grande sabe como hacerlo él, se le nota cuando mira la pantalla del computador, cuando yo me voy a dormir, cuando la ve salir del baño, cuando se sienta a su lado y sonríe, él puede, si el puede –pensé en ese momento, mientras por algún motivo su sonrisa ingenua me hace sonreír- yo también.