Una vez, tendría yo 5 años, con mi padre nos encontramos a dos ratones en el suelo, no se movían, no hacían ruido, no hacían nada. Le pregunté a mi padre que por qué estaban allí quietos, y él me contestó que se habían ido al cielo, ¡que tontería! si estaban allí en el suelo…y entonces entendí que al ser aplastados se habían convertido en pájaros, aquellos pájaros que volaban de un lado a otro sin un rumbo aparente, y que se paraban en los árboles del patio trasero para explicarnos su trágica historia cada mañana…todo tenía sentido. Cuando murió mi abuela además, comprendí que todos nos convertiríamos en pájaros algún día, no era mal destino, aunque yo nunca he sido un gran amigo de las alturas, pero un día me encontré con un pájaro muerto, y no lo entendí…se me vino el mundo abajo…muerto un pájaro, me enfrenté cara a cara por primera vez con la nada, el vacío, el ya no ser más, la religión ya no servía para nada a partir de aquella imagen, volvía a la categoría de ratón por aplastar, alguien que sueña con pájaros cada vez que teme a la muerte.